Madrugar en solitario, para recoger el trasmallo y sólo un pez como fruto de la larga noche de pesca. Pero ayer fue pletórica, lo que sirve de estímulo para volver mañana a la faena. Panamá significa, en lengua aborigen, “abundancia de mariscos”, pero no todas las noches serán buenas.
jueves, 3 de julio de 2008
viernes, 13 de junio de 2008
El amor es asqueroso.

En una noche del verano panameño, con mi nieto de siete años, frente a una hoguera de palos y hojas secas calentábamos malvaviscos (marshmallow) ensartados en sendas varas.
El lugar era un área rural y a pesar del farol, la abundancia de árboles y arbustos oscurecían los alrededores.
De repente me dice el niño, medio sorprendido, que no asustado:
De repente me dice el niño, medio sorprendido, que no asustado:
– Allá se mueve algo, detrás de aquellos árboles.
Yo, con la visión limitada por la edad, y sin mis gafas, no pude distinguir lo que se movía; entonces agregó:
– Abuelo es un caballo.
– Si, ya lo vi. – le respondí después de comprobarlo.
Seguidamente añadió: - ¡Son dos!
Lo verifiqué y continuamos asando nuestras malvas y disfrutándolas.
Al día siguiente cuando nos dirigíamos al río a nadar, al cruzar la puerta de la cerca que limita la propiedad, exclamó mi nieto con aire de reprobación:
– ¡El amor es asqueroso!
Sorprendido, pero con la experiencia ganada con su madre y mis otros dos hijos cuando eran niños, le pregunté, sin alterarme, el motivo de esa expresión.
– ¿No te fijas? – me respondió señalando el césped dónde había estiércol fresco de caballo.
– Eso fueron el caballo y la caballa de anoche. – Le corregí sobre el femenino de la hembra equina, y se ratificó:
– Sí abuelo, esa yegua y el caballo enamorados hicieron esa asquerosidad – señalando el estiércol.
Sonreí y continuamos nuestra caminata matinal hacía el balneario del río.
A pocos pasos tropezamos con los caballos que resultaron ser dos hembras, una con su retoño. No le comenté nada sobre el sexo de los equinos y seguimos nuestro camino.
jueves, 22 de mayo de 2008
Cazadores furtivos

Los panameños que amamos la naturaleza pregonamos que el país es un paraíso; por sus bosques pluviales, algunos primarios; manglares, arrecifes coralinos, la inmensa diversidad biológica. Tal es el reconocimiento que aquí se encuentra el más importante centro de investigaciones tropicales del planeta, el STRI, por sus siglas en inglés, Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, también se trata de recuperar la más poderosa de las águilas, el Águila Arpía, con la colaboración de instituciones extranjeras y podríamos mencionar muchos otros hechos que nos llenarían de orgullo.
Pero no todo es bello; últimamente existen serias amenazas a este patrimonio natural. No mencionaremos las tantas, sólo exponemo la elocuente foto que con mucho riesgo tomamos de cazadores furtivos, cargando una pieza arrancada con violencia a uno de los parques de conservación. No fue fácil, al divisarlos en la huida nos negaron el acercamiento, sabían a lo que se exponían. No nos aproximamos, los acompañaba una jauría, y llevaban dos armas largas, un machete y una actitud nada amigable. Gracias a la tecnología digital pudimos hacer a la distancia la toma que aquí exponemos.
Pero no todo es bello; últimamente existen serias amenazas a este patrimonio natural. No mencionaremos las tantas, sólo exponemo la elocuente foto que con mucho riesgo tomamos de cazadores furtivos, cargando una pieza arrancada con violencia a uno de los parques de conservación. No fue fácil, al divisarlos en la huida nos negaron el acercamiento, sabían a lo que se exponían. No nos aproximamos, los acompañaba una jauría, y llevaban dos armas largas, un machete y una actitud nada amigable. Gracias a la tecnología digital pudimos hacer a la distancia la toma que aquí exponemos.
(18 de mayo de 2008)
martes, 15 de abril de 2008
Pichón de carpintero


Me acomodé frente al poste de madera de varios metros, confiado que la espera valdría la pena, que lo vería. Estaba equipado para la ocasión.
Meses atrás distinguí en ese poste un pájaro carpintero que nunca había percibido. Aquí abundan los carpinteros comunes; yo que soy nulo para los sonidos, reconozco con facilidad el trinar de estas aves. Este espécimen era distinto, para mi una rareza, lo recuerdo todo negro con una enorme cresta de rojo intenso. No se si por la emoción, pero lo vi grande, el doble de la especie común. En un libro observé una ilustración de uno muy parecido pero con una franja blanca en la cabeza o cerca de la espalda. Soñaba fotografiarlo y confirmar que era el mismo.
De repente divisé la llegada de un carpintero común adulto y desde el hueco en el poste escuché el sonido característico de la especie, pero como apagado, sin el volumen acostumbrado; era el mismo nido de aquel de hace meses.
Continué apostado, atento y listo para el disparo de la cámara.
En minutos asomó la cabeza, no había duda que era un pichón. Continué paciente e hice muchas tomas. Algunas las hallo preciosas.
No logré el carpintero negro, a cambió disfruté de un espectáculo maravilloso de la naturaleza; con este par de imágenes comparto una mínima fracción de mi vivencia.
Meses atrás distinguí en ese poste un pájaro carpintero que nunca había percibido. Aquí abundan los carpinteros comunes; yo que soy nulo para los sonidos, reconozco con facilidad el trinar de estas aves. Este espécimen era distinto, para mi una rareza, lo recuerdo todo negro con una enorme cresta de rojo intenso. No se si por la emoción, pero lo vi grande, el doble de la especie común. En un libro observé una ilustración de uno muy parecido pero con una franja blanca en la cabeza o cerca de la espalda. Soñaba fotografiarlo y confirmar que era el mismo.
De repente divisé la llegada de un carpintero común adulto y desde el hueco en el poste escuché el sonido característico de la especie, pero como apagado, sin el volumen acostumbrado; era el mismo nido de aquel de hace meses.
Continué apostado, atento y listo para el disparo de la cámara.
En minutos asomó la cabeza, no había duda que era un pichón. Continué paciente e hice muchas tomas. Algunas las hallo preciosas.
No logré el carpintero negro, a cambió disfruté de un espectáculo maravilloso de la naturaleza; con este par de imágenes comparto una mínima fracción de mi vivencia.
lunes, 14 de abril de 2008
Ballet en la arena

Madrugo para caminar descalzo en la arena; vengo temprano a presenciar un ballet natural interpretado por una compañía de aves y amenizado por el mar.Estas avecillas son parte del paisaje de esta playa, sólo se les ve temprano o cuando disminuyen el sol y los bañistas. Danzan alegremente acompasadas por el ritmo de las olas, esperan que el agua se aproxime violentamente a la orilla y revuelva la arena para rebuscar pequeños moluscos y otras especies que no logro ver, pero las percibo en el afán de ellas por escarbar en el revuelo que dejó la ola que acaba de entrar. Tienen que sacar rápido sus pequeñas presas porque ya viene la otra onda de agua que las arrastraría, si atentas no dan un pequeño brinco con un paso instintivo logrado con gracia, alejándose del agua, para después salir raudas detrás de la ola que vuelve al mar y deja en su paso al descubierto su ración. Nuevamente con rapidez alegre vuelven a alejarse a la orilla para repetir los gráciles pasos de este ballet.Es un espectáculo hermoso, el sol apenas asomándose, la blanca arena, las fuertes olas, las encantadoras aves y la brisa que en esta época va de la tierra al mar.Me sumo a la escena y trato de congelar la imagen con mi cámara, para llevármela y seguir contemplando estas criaturas y volver a recrear en mi memoria esta maravilla de la naturaleza en este amanecer de verano en esta playa del Pacífico panameño.
jueves, 3 de abril de 2008
Sangretoro

Mientras leía y comentaba frente a mi pantalla me robó la atención un piar. Miré hacia la ventana y allí estaba contemplándome un precioso sangretoro; perdonen el pleonasmo, decir sangretoro y precioso es una redundancia. Para los que no lo conocen es un pájaro de color negro con intensas manchas de un rojo sangre. Me miró. Lo miré, nos miramos y después de unos minutos remontó vuelo. El instante me pareció maravilloso, pero no es inusual, es frecuente la presencia de aves en este rincón de la ciudad de Panamá en donde resido. En una ocasión anidaron cerca unos halconcillos y el pichón se pavoneaba alegremente por la poca concurrida calle frente al edificio. Y que decir de la bandada de loros y pericos que en cierta temporada incomoda a algunos con su bullicio, pero yo disfruto viéndolos y me preguntó si siempre tendremos ese privilegio, si la vorágine del urbanismo dejará algo de este espectáculo para los que vienen
miércoles, 2 de abril de 2008
Céfiro de verano

Ahora que aquí estamos de "verano", realmente sólo es una época seca, que se supone sin lluvias. Pero este año tenemos las travesuras de La Niña, que aquí no han causado los estragos que he leído de Ecuador y Bolivia. Como dice mi querida Soni, se me ocurrió esta lesera.
El verano en Panamá
coincide con el austral
y lo refresca el viento boreal.
nuestros queridos alisios.
A veces se dan con tanta fuerza,
que como cometa de niño
pudieran llevarme hasta tu puerta.
Pero es sólo la quimera
de uno estancado en el centro
que espera que la fuerza del norte
lo lleve a donde él no puede hacerlo.
Pesado para que me arrastre el viento
sólo me acaricia la brisa
mientras rumio mi estéril sueño.
El verano en Panamá
coincide con el austral
y lo refresca el viento boreal.
nuestros queridos alisios.
A veces se dan con tanta fuerza,
que como cometa de niño
pudieran llevarme hasta tu puerta.
Pero es sólo la quimera
de uno estancado en el centro
que espera que la fuerza del norte
lo lleve a donde él no puede hacerlo.
Pesado para que me arrastre el viento
sólo me acaricia la brisa
mientras rumio mi estéril sueño.
(10 de febrero de 2008)
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